Top Ten 2018

Última entrada de 2018, y una temporada más esta tentativa personal de ordenar el caos en forma de listado está de antemano llamada al fracaso, también a la incomprensión. El cine (ese que no va de la mano de la televisión, que tampoco pretende aleccionar ni educar, y que no vende nada ni se vende a sí mismo, ni tampoco invita al espectador perezoso y aburrido a pasar una tarde azucarada y confortable) es cada vez más esa cosa indecible, incomunicable, de la que ya no se habla (como mucho un susurro en duermevela), de la que se escribe cada vez menos y, por lo general, con prisas y mal; incluso la que ya no se ve o, en todo caso, se ve a solas y no se comparte con casi nadie porque cada vez van quedando menos interesados, y más alejados -y no sólo físicamente-, con quienes compartirla. Releo lo escrito y compruebo que como lamento quejumbroso suena bastante patético, cosa que detesto y que sólo me representa parcialmente, otra parte de mí sigue disfrutando como un niño (pero con larga memoria cinematográfica) con películas como Under the Silver Lake, con lo cual no debo estar tomándome tan en serio, ni creerme del todo, es(t)as jeremiadas sobre la sempiterna muerte del cine o la imposibilidad de hacer algo divertido con su bonito cadáver.

Como es preferible empezar por lo malo, diré que un año más no podían faltar a su cita las habituales e insufribles castañas, bendecidas por aquí y por allá: First reformed (Paul Schrader), Shoplifters (Hirokazu Koreeda), The Wild pear tree (Nuri Bilge Ceylan), la hipócrita Roma (Alfonso Cuarón), First man (Damien Chazelle), Cold war (Pawel Pawlikowski), Leto (Kirill Serebrennikov), Mektoub, my love: canto uno (sobredosis de Viagra del plasta de Kechiche, que, como su título indica, promete alargar la erección, o provocar la trombosis, con un segundo chute), y sí, también Burning (Lee Chang-dong). Cine fatigoso, apolillado y muy muy pesado, mecánicamente filmado y molestamente montado, en fin, lo de siempre pero con una vuelta de tuerca extra de zafiedad y torpeza en sus formas y de muy calculada falsificación en sus intenciones. Tampoco dejaron de comparecer los desatinos explosivos y delirantes: Les Garçons sauvages (Bertrand Mandico) o The House that Jack built, de Mr. Exploitation, que siempre sabe qué hacer para que se siga hablando de él. Por el camino, sin embargo, se quedaron buenos intentos a los que siempre les acabó faltando un poco para ser verdaderamente inolvidables, pero que lo intentaron con honestidad y destellos intermitentes de muy buen cine: Wildlife (Paul Dano), Paul Sanchez est revenu! (Patricia Mazuy), Transit (Christian Petzold), La Vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky), Grass (Hong Sangsoo), Isle of dogs (Wes Anderson), The Sisters brothers (Jacques Audiard) y Lazzaro felice (Alice Rohrwacher). Hubo también una película española que me gustó sin reservas, lo cual, salvo que filme Pablo Llorca (cuya última cinta aún no vi), para mí es algo excepcional: Entre dos aguas (Isaki Lacuesta).

De lo que viene a continuación prefiero hablar poco, en todo caso, si a alguien se le despierta la curiosidad y decide echarle un ojo a alguna de ellas habrá merecido la pena. Siendo secreto y lacónico, como hay que serlo siempre que uno se acerca a un misterio, diré que Godard continúa siendo ese faro, no sólo cinematográfico, en unos tiempos tenebrosos. Del resto, ¿qué decir? Vuelven a aparecer algunos de mis cineastas contemporáneos favoritos (Jean-Claude Brisseau, Rita Azevedo Gomes, Paul Thomas Anderson, Eugène Green, probablemente Claire Denis, de haber podido ver High life) junto a otras inesperadas sorpresas: Song of granite (porque bebe con sabiduría de dos de los más grandes directores británicos: Bill Douglas y Terence Davies), Under the Silver Lake (porque contagia el placer de filmar-jugar y acaba siendo un brillante artefacto posmoderno, y con más miga de lo que puede parecer en un vistazo superficial, donde se encuentran Hitchcock, de Palma, Lynch, los Coen, Shyamalan, etc.), Mes provinciales (porque ahí están la posnouvelle vague y especialmente Philippe Garrel), Tournage d’hiver (porque se sigue restaurando y recuperando material muy valioso y porque hay gran cine fuera de las salas de estreno y de los portales de descargas) y The 15:17 to Paris (porque a partir de una ‘locura’ hace creer de nuevo en la generosidad e inocencia del pueblo norteamericano y porque Eastwood se atreve con lo que muy pocos a su edad, y a cualquier edad, se habrían atrevido: una película casi sin guion visible y con los auténticos protagonistas interpretándose, como ningún actor profesional podría, a sí mismos).

No obstante, esta lista podría sufrir alguna entrada/salida cuando finalmente pueda ver Hotel by the river (Hong Sangsoo), pero sobre todo Classical period (Ted Fendt) y High life (Claire Denis).

1.Le Livre d’image (Jean-Luc Godard, 2018)

1

2.A Portuguesa (Rita Azevedo Gomes, 2018)

2

3.Song of granite (Pat Collins, 2017)

3

4.Under the Silver Lake (David Robert Mitchell, 2018)

4

5.Phantom thread (Paul Thomas Anderson, 2017)

5

6.Que le diable nous emporte (Jean-Claude Brisseau, 2018)

6

7.Mes provinciales (Jean-Paul Civeyrac, 2018)

7

8.Como Fernando Pessoa salvou Portugal (Eugène Green, 2018)

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9.Tournage d’hiver (Bernard Eisenschitz & Jean Vigo, 2017)

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10.The 15:17 to Paris (Clint Eastwood, 2018)

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